La cultura del esfuerzo

   El ciclismo, nuestro deporte, nuestra pasión, es la suma de muchos y diversos factores. uno de ellos, quizá el más importante es el esfuerzo. El esfuerzo físico y mental, anímico que conlleva el ciclismo. Las largas sesiones de entrenamiento, las intensas series al límite del esfuerzo. Físicamente nos harán más fuertes, más resistentes, mejores. Aparentemente esa es una consecuencia fácil de comprobar en el ciclismo.
   Pero existe otro esfuerzo, el mental, el anímico, el moral. Un ciclista aprende a vivir en la zona del esfuerzo. No es una zona cómoda para el común de los mortales. Pero el ciclista se encuentra aquí como en casa. Aplica la cultura del esfuerzo a otros ámbitos de la vida. Al trabajo, a los estudios, a la atención a la familia y los amigos. El ciclista dispone entonces de más recursos que el resto. Se esfuerza y no le importa en superar las barreras y obstáculos que la vida nos pone delante. Toma las adversidades como se toma un puerto de montaña, con esfuerzo, paciencia y decisión se llegará arriba y luego vendrá una deliciosa bajada. En la vida es así. Los estudios también. Suelen ser buenos estudiantes los ciclistas. No se cansan después de media hora de hincar los codos.
   Y el esfuerzo anímico, ¿quien lo puede negar? ¿No es acaso una tarea hercúlea salir a pedalear ahora que se acerca el invierno, el frío, las tardes cortas, el viento y la lluvia? Es como madrugar, da pereza, pero el esfuerzo siempre merece la pena. Esas mañanas nubladas y frías en que lo apetecible era quedarse en casa, te esfuerzas en salir y a la vuelta te das cuenta de lo buena que ha sido la salida y lo satisfactorio de la misma y te dices, "lo que me habría perdido de haberme quedado en casa". Ese esfuerzo también tiene su recompensa.
   Ahora llega la época del barro, del frío, de la niebla y la oscuridad. Un poco de esfuerzo. Un año más la recompensa nos espera a la vuelta de la esquina.

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