Ciclismo contigo

 He pasado unos días en pirineos. Claro, con la bici, con la flaca. Junto al Tourmalet, Luz Ardiden, Gavarnie, vamos, un sitio idílico.

Y todo era genial, pero esta vez, además, era especial. Porque ella vino conmigo, con su flaca, acompañándome en esta aventura indómita de atacar los puertos del Tour. Y lo he visto todo a través de sus ojos, y en ellos ví ilusión y el brillo de quien vé y descubre las cosas nuevas.

A su lado las cuestas cuestan menos. A su lado todo es mas luminoso y espectacular, los prados mas verdes, las curvas mas veloces. Y si, no hay nada mejor que tener una pareja ciclista. Alguien que comparta nuestra locura, nuestro crisol de ver la vida. Compañera, cómplice, amiga y también compañera de grupeta y de sudores subiendo los interminables puertos. Valles infinitos de verdor salvaje, cumbres nevadas que brillan a lo lejos, calor del asfalto que calienta el aire, todo a fin de cuentas, adquiere un nuevo sabor, mas intenso, mas puro.

La vida es compartir y es por ello que soy feliz de compartir estos momentos con ella, mi compañera, mi acompañante. Juntos haremos mil planes, subiremos mil puertos y veremos mil amaneceres a lomos de nuestras bicicletas. Y una sonrisa ¿de complicidad? se escapará de nuestras bocas cuando nos miremos antes de afrontar una nueva rampa, a la salida de la curva, ¡A ver quien llega antes!


 

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