¡Lo entiende alguien?

   Ya. Falta exactamente un mes para la Quebrantahuesos y la Treparriscos. Este año vuelvo con mi hija Sonia a participar en la "pequeña", la Treparriscos. hace dos años la hicimos juntos, en 5 horas. recuerdo lo mal que lo pasó subiendo el último puerto, esos 4 kilómetros al 8% de media y a 40 grados de temperatura. La gente normal, los que no son ciclistas se preguntarán ¿si tan mal lo pasó. porqué quiere volver? Pues por eso, para superar, o intentar superar el reto de nuevo. para hacerlo en menos tiempo, para hacerlo mejor, para volver a librar la batalla y salir, una vez mas, victoriosa. El reto, en sí, es lo que cuenta.

   El enemigo es uno mismo, el yo del año pasado, o del anterior. El afán de superación, en la bici y en la vida. Sonia, el año pasado no pudo venir. Estaba inmersa en preparar la Selectividad. Sabe, y eso me congratula, que hay cosas mas importantes en la vida, y los estudios, la dedicación en tiempo a ellos, la hicieron sacrificar la prueba. En julio fuimos a los Alpes y subió el Alpe d'Huez, pero no es lo mismo. Sin dorsal, sin cronómetro, sin rivales, no es lo mismo. Este año está en la Facultad y va bien con los estudios, así que me pidió volver

   La carrera está ahí, a la vuelta de la esquina, falta tan solo un mes. Y ahora quedamos los sábados para prepararla, para entrenar. Volveremos a ir, a pasar nervios, a compartir vivencias en el viaje de ida hacia la Meca del ciclismo español. Madrugaremos ese día, llegaremos pronto a la salida y nos sumergiremos en ese mar inmenso e infinito de ciclistas de todo tipo, pelaje y nacionalidad. Volveremos a salir a toda pastilla, acelerando las pulsaciones del corazón. Volveremos a acordarnos de la madre que parió al que puso los tres primeros repechos camino de Orús Alto. Llegaremos a Biescas y comenzaremos la eterna ascensión al Cotefablo. Se nos hará largo, pesado, duro, pero llegaremos. bajaremos como cohetes en dirección a Fiscal, donde comienza el puerto de Espin. Y allí volveremos a retorcernos sobre la bicicleta, volveremos a sudar, a sufrir, a tirar de riñones y a boquear pidiendo aire como los peces fuera del agua.
 

  Y sufriendo así, extenuados y agonizantes, con las últimas fuerzas ya abandonándonos llegaremos al alto de Espín, nos miraremos, y por debajo de nuestras mejillas bañadas de regueros de sudor asomará una sonrisa cómplice, feliz. lo conseguimos. Y esa sonrisa se transformará en risa, asomarán los dientes y entre carcajadas nos lanzaremos hacia abajo, siempre abajo, a toda velocidad, por una carretera perfecta para correr, para volar, en dirección de nuevo a Sabiñánigo, a la Meta que allí nos espera. Y el tiempo que tardemos no importará, y al llegar nos fundiremos en un abrazo de felicidad radiante.

   Los que no son ciclistas no lo entenderán. Casi nadie lo entiende. Tanto sufrimiento, tanto dolor ¿porque? Como todo en la vida. Para apreciar lo bueno mas intensamente, para apreciar la alegría de estar vivo y de disfrutar con las personas que te quieren y a las que quieres. En mi caso para abrazarme con mi hija en la linea de meta y empañar las lágrimas de dolor con las de alegría. Para mirarnos como padree e hija, como compañeros, como amigos. para compartir ese momento increíble de satisfacción. ¿Lo entiende alguien? ¿No? Pues venid a la Quebrantahuesos y lo veréis, bueno, quizás no se vea, pero seguro que lo sentiréis. Yo solo con pensarlo se me pone la piel de gallina.

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