Tour de Francia 2015
Este año he vuelto a ver el Tour. Desde una cabaña en el col de Ornon pudimos acercarnos a ver una de las etapas que subía el col du Glandon. Fuimos a la carretera horas antes de que llegaran los corredores y disfrutamos del espectáculo de la caravana publicitaria y posteriormente del paso del pelotón. Como siempre, miles y miles de peronas de todas las nacionalidades animando a los corredores sin excepción. Australianos, holandeses, británicos, colombianos, franceses, vascos y españoles, por supuesto. Cientos de banderas de todo tipo en las cunetas. luego nos enteramos de que algún imbecil futbolero había escupido al lider, Froome. Esta gentuza no tiene lugar en este deporte. Aqui se anima a todos, del primero al último, porque todos lo dán todo, cada uno en la medida de sus posibilidades, y si tu favorito no dá la talla, quédate en casa y no vayas a ensuciar esta fiesta del deporte de las dos ruedas.
Al día siguiente, los corredores seguían por el valle de la Mourienne, así que mi hija Sonia y yo fuimos a subir el Alpe d'Huez. Era la jornada previa a que el Tour pasara por allí, así que ya estaban todos los espectadores apostados en las cunetas preparando el gran día. Es un puerto muy muy duro, comienza con una rampa tendida de entre el 11% y el 12% de mas de un km. Pero es territorio sagrado, y eso te dá fuerzas para subir. Hubo un momento en que nos vimos rodeados de seguidores holandeses animando como locos, vestidos de naranja, con música y manguerazos de agua fresca, una fiesta. Si esto está lleno de holandeses es la curva 7. Efectivament, era la mítica curva de los holandeses donde el ambiente ciclista se conviete en liturgia. Animados y espoleados por sus gritos y cánticos fuimos para adelante con ánimos renovados. Una última rampa dura nos llevaba a la cima del puerto, a la entrada del pueblo-estación del Alpe. Al final una sonrisa de satisfacción borraba de la cara de Sonia el rictus de dolor y sufrimiento que la había acompañado durante algunos tramos de la subida. Misión cumplida. Ha subido el Alpe d'Huez, la meca del ciclismo. Ahora si que puede decir que es una ciclista. Y yo el padre mas satisfecho del mundo. Ha sido la quinta vez que lo subo, seguramente la vez que mas he tardado, pero me quedo con esta, ha sido la mejor.
No sé si volveré otra vez aquí, o a otro de los puertos del Tour otro año. pero siempre recordaré este día como el día que juntos vencimos al coloso de los Alpes.
Al día siguiente, los corredores seguían por el valle de la Mourienne, así que mi hija Sonia y yo fuimos a subir el Alpe d'Huez. Era la jornada previa a que el Tour pasara por allí, así que ya estaban todos los espectadores apostados en las cunetas preparando el gran día. Es un puerto muy muy duro, comienza con una rampa tendida de entre el 11% y el 12% de mas de un km. Pero es territorio sagrado, y eso te dá fuerzas para subir. Hubo un momento en que nos vimos rodeados de seguidores holandeses animando como locos, vestidos de naranja, con música y manguerazos de agua fresca, una fiesta. Si esto está lleno de holandeses es la curva 7. Efectivament, era la mítica curva de los holandeses donde el ambiente ciclista se conviete en liturgia. Animados y espoleados por sus gritos y cánticos fuimos para adelante con ánimos renovados. Una última rampa dura nos llevaba a la cima del puerto, a la entrada del pueblo-estación del Alpe. Al final una sonrisa de satisfacción borraba de la cara de Sonia el rictus de dolor y sufrimiento que la había acompañado durante algunos tramos de la subida. Misión cumplida. Ha subido el Alpe d'Huez, la meca del ciclismo. Ahora si que puede decir que es una ciclista. Y yo el padre mas satisfecho del mundo. Ha sido la quinta vez que lo subo, seguramente la vez que mas he tardado, pero me quedo con esta, ha sido la mejor.
No sé si volveré otra vez aquí, o a otro de los puertos del Tour otro año. pero siempre recordaré este día como el día que juntos vencimos al coloso de los Alpes.
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