Tour de Francia 2014. Andrew Talansky

Y comenzó el Tour 2014. Y he tardado en escribir y han pasado muchas cosas. La primera es el temprano abandono de dos de los grandes Favoritos. Froome y Contador. Ambos por el mismo motivo. Sendas caídas dieron con sus huesos en la carretera. Toda la ilusión de ¡Un año! de preparación, dedicada por y para el Tour. Jugarse todo a una sola carta. Toda la temporada empeñada, todo el entrenamiento preparado para este momento. Y ahora, una mala caída, una mala suerte... y todo se va al garete. La temporada perdida, un año de la corta vida de un deportista perdido. Y todo por apostar demasiado fuerte. Apuesta ambiciosa. Otros corredores no aspiran a tanto, van poco a poco, pasito a pasito, según le llega. Si se gana, bien, si no se gana, seguiremos intentándolo. En todo caso que cruel es este deporte. Este ciclismo épico y profesional que veleidosamente dá y quita como una diosa de la antigua mitología. Una diosa que convierte en héroes o villanos a su antojo. Y la diosa le dijo a Froome primero y a Contador después que no, que este año no, que este Tour no. Otros también cayeron, otros dejaron su piel en el asfalto también, y de entre esos otros voy a destacar a uno. Un joven americano que de esto no entiende mucho, pero que está aprendiendo. Y no solo está aprendiendo, sino que incluso se permite el lujo de darnos una lección.
Andrew Talansky. Hace unos días se cayó en una montonera. Se recuperó del enganchón y volvió al ataque sobre su bici. Llego al grupo cabecero y a 100 metros de la meta volvió a caerse, esta vez por un enganchón con otro corredor. Varias vueltas de campana. Se puso de pié, intentó subirse de nuevo a la bicicleta y esta no funcionaba. Pero pasó la meta, a pie, pero la pasó.
Ayer, en una etapa dura de montaña vió que el dolor podía con el. Se quedó atrás. Sus compañeros quisieron bajar a ayudarle. Les dijo que no, que tiraran para adelante, que no le esperaran, que ya llegaría como fuese. Su Director desde el coche le dijo por gestos una y mil veces que se parara, que llegaría fuera de control, que lo dejara, que bajara de la bici. Hacía mas de 20 minutos que habían pasado los demás por allí. El, Andrew, hizo un gesto furioso, ¡déjame en paz! Mandó a su director seguir adelante, ¡Déjame solo! y solo se quedó. Detrás de el marchaba la furgoneta escoba, la "voiture balai" Tiene que ser agobiante escuchar el ruido del motor de esa furgoneta detrás de ti, kilómetro tras kilómetro. Ayer enfocaban al pobre, al último. Solo, sufriendo, pedalada a pedalada, con gesto de dolor. Llegaron a meta los sprinters, ganó Gallopin, detrás Sagan, el grupo de los favoritos, Nibali, el resto del pelotón. Entrega de trofeos, ramos de flores y clasificaciones, entrevistas y análisis de la etapa. Presentamos la etapa siguiente, también de montaña. Y al final del todo, 32 minutos después del ganador y salvando el fuera de control llegó un pequeño y delgado corredor. Fatigado, solo y desvalido. Pero, ¿es eso una sonrisa lo que se adivina en la comisura de su boca? Puede que si, yo lo quiero creer así. Porque ayer, Andrew Talansky ganó la etapa de mi corazón. Yo lo ví.

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