Alegría (la cara)

El sábado pasado, 21 de junio, estuvimos en la Treparriscos. Y digo en la Treparriscos porque este año no tocaba la Quebrantahuesos. Tocaba la otra, la pequeña, la de aprender. Y tocaba porque este año mi hija iba a correr a mi lado. O yo a su lado, que lo mismo da. Hace ya años que soñaba con poder hacerla juntos, padre e hija. Quería re-descubrir esos paisajes, esas carreteras, esas sensaciones. El ambiente, la dureza de los puertos, los compañeros de ruta, todo lo que hace grande esta prueba. Y este año mi sueño se hizo realidad. Sonia y yo estábamos allí por fin, en Sabiñánigo, con nuestras bicicletas, preparados para sufrir y disfrutar de una aventura única, de esas que hay que hacer alguna vez en la vida.
Tengo ya siete oros de la Quebrantahuesos en 9 ediciones, pero sin duda, esta ha sido mejor que todas las anteriores. Desde el momento de recoger el dorsal hasta la llegada a meta todo ha sido un sueño. Y como en un sueño hay imágenes entrevistas que se cruzan, cuan parpadeos, y se graban en esa memoria que hace que esos días, esas experiencias sean únicas.
Verla a mi lado, pedaleando pacientemente, con la mirada fija en la carretera. Sufriendo el calor, el cansancio, la sed. Cuando la dije que si la empujaba y con la mirada me dijo - ¿como? - esta la hago yo sola, sin ayuda. Para al final recuperarse, acercarse a meta, con una sonrisa en la cara, esa sonrisa que te dice ¡Lo he conseguido!
Para mi ha sido lo mas grande, lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.


Y ahora a recordar cada momento, a compartirlo con miradas cómplices y sonrisas escondidas en la comisura de los labios. Y a pensar en otro año, otra ocasión. Y en la grande, la Quebrantahuesos ¿porque no?

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