Amigos, Compañeros.

Que gestos tiene el ciclismo a veces. Recuerdo hace años aquellas carreras en las que nuestro Brian esperaba a su amigo Alex para entrar con el en meta. Entrar juntos, de la mano. En un deporte individual, como el ciclismo, en la que a veces, muy pocas, se tienen gestos de equipo, de compañerismo, de amistad, de generosidad. Gestos que hacen de este deporte algo muy muy grande. Ayer le recordaba a Francis aquel gesto de Brian. Fué algo inolvidable. Dentro de unos años no recordaremos tanto las gestas de Brian cuando ganó esta o aquella carrera. Recordaremos ese día en que vio a su compañero dolido, fatigado, vencido por el cansancio y decidió esperar, quedarse a su lado para acompañarlo hasta la linea de llegada. Dándole su apoyo para transmitirle fuerzas.
Este fin de semana se repitió. De una, de dos, de tres maneras. Apostamos todo a Asier y el pobre tuvo la desdicha de que la fatalidad en forma de caída se cruzara en su camino. El destino se la jugó, dolorosamente, con crueldad inusitada hizo añicos la ilusión de este gigante del ciclismo en el cuerpo de un niño. Quiso la mala suerte hacerle daño, ensañarse con el, quitándole el tan preciado premio en el momento peor.
Pero a cambio se vio recompensado por los gestos, si, en plural, los gestos, de sus compañeros. Compañeros que estaban de acuerdo en darlo todo por él, en sacrificar su lucimiento personal en aras de que su amigo fuera el mejor. Asier cayó y todos contuvieron la respiración, todos callaron, dejaron de pedalear y contuvieron el aliento en espera de que su líder, su amigo, su compañero, se levantara. Marcos dudó, un momento, dos, al final tiró para adelante y al llegar tercero se sintió mal. Hizo lo correcto, pero la preocupación por su compañero era mas amarga que el dulce del triunfo, del trofeo. Quisiera mejor haber escoltado a su amigo en el podium. Ricardo también dudó, uno, dos, tres segundos. Sin saber que hacer, mirando hacia atrás esperando que todo fuera un espejismo, que Asier apareciera de pronto remontando posiciones y pasando a todos. ¿Donde está, por qué no aparece? Así llegó a meta, esperando, mirando hacia atrás, esperando al compañero que no llegaba.
Y Jorge. Nuestro Jorge. Que decir de el. Se paró detrás de Asier, de su amigo. Esperó sin preocuparse de nada ni de nadie a que su compañero se levantara, que reanudara la marcha, pendiente de el en todo momento. Sin importar que pasaran mas y mas corredores. No importaba ya la carrera, tan solo que su amigo estaba caído y el, Jorge, no iba a dejarle allí en el suelo. Nunca jamás. Esperó a su amigo, se paró, lo acompañó hasta el final y le dedicó un gesto de generosidad que a mi, si me perdonan, me hizo casi llorar. Porque estos niños no tienen mala baba, ni mala intención ni mala leche. Son inocencia sin picardía. Son nobleza sin mal. Son puros y limpios. No los estropeemos, por favor. Dejémosles ser así, dejemos que nos den estas lecciones de nobleza, de amistad, de compañerismo.
Gracias chicos. Esta vez nos habéis dado una lección.

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