Sangre y barro
Hombre, el título así, de sopetón suena un poco melodramático. Parece más de lo que es. Me explico. El domingo pasado fui a correr el ciclocross de Boadilla del Monte. Estuvo todo el día lloviendo, por lo que el barro estaba garantizado. Además hacía un frío de mil demonios, de hecho el sábado por la mañana cayó en el lugar del circuito una nevada importante.
El hecho es que me presento allí a las 8 de la mañana y me voy a por mi dorsal. Luego al coche a recoger la bici y dar una vuelta de reconocimiento al circuito. Vaya, la cosa estaba muy muy chunga. Después de la primera vuelta de reconocimiento ya tuve que pararme a quitarle barro a la bici porque no podía casi avanzar. Mal empezamos, me dijo esa vocecita que tenemos dentro que te dice de vez en cuando que ¡no lo hagas! Pero los ciclistas no solemos escuchar a esa vocecita. Otras veces te dice ¡Retírate, no sufras mas! o ¿donde vas con la que está cayendo? Estarías mejor en casita. Pero lo dicho, no hay que escuchar a esa vocecita. El caso es que llegaba la hora de la salida y allí estaba yo calado hasta los huesos y con ganas de que todo empezara. Me puse en la salida y en la última posición pues no tenía puntos de la prueba anterior tomé la salida. La primera vuelta tranquilito, a ver que pasa. En la subida gorda se caen los que van delante y ¡al suelo!.
El hecho es que me presento allí a las 8 de la mañana y me voy a por mi dorsal. Luego al coche a recoger la bici y dar una vuelta de reconocimiento al circuito. Vaya, la cosa estaba muy muy chunga. Después de la primera vuelta de reconocimiento ya tuve que pararme a quitarle barro a la bici porque no podía casi avanzar. Mal empezamos, me dijo esa vocecita que tenemos dentro que te dice de vez en cuando que ¡no lo hagas! Pero los ciclistas no solemos escuchar a esa vocecita. Otras veces te dice ¡Retírate, no sufras mas! o ¿donde vas con la que está cayendo? Estarías mejor en casita. Pero lo dicho, no hay que escuchar a esa vocecita. El caso es que llegaba la hora de la salida y allí estaba yo calado hasta los huesos y con ganas de que todo empezara. Me puse en la salida y en la última posición pues no tenía puntos de la prueba anterior tomé la salida. La primera vuelta tranquilito, a ver que pasa. En la subida gorda se caen los que van delante y ¡al suelo!.
Yo sigo adelante y vamos pasando las vueltas. Cada vez llueve mas y hay mas barro. La bicicleta derrapa, sobre todo de atrás y va por donde quiere. Hay algún tramo de bajada en el que se hace verdaderamente difícil controlar la bici y en un par de curvas estoy a punto de llevarme la cinta por delante. Pasamos un charco enorme de casi un palmo de profundidad y llegamos a la última vuelta. He pasado a tres o cuatro de mi categoría y a muchos de las otras. Voy bien, queda una vuelta mas o menos y de repente ¡me he quedado sin frenos! El agua ha hecho su trabajo junto con el barro y hace que en una bajada me quede sin control. Me voy contra un árbol que a juzgar por su edad y tamaño fue plantado por el mismo Godoy en la época en que ocupó el Palacio de Boadilla por cuyos jardines vamos corriendo. Nos saludamos el árbol y yo y de resultas del saludo me hago una herida en la pierna y cardenales varios que durante los próximos días irán apareciendo. Sigo adelante. llego a la cuesta gorda, la subo y a partir de aquí, todo lo que sea bajada hay que hacerlo a pié.
Voy penando con la bici a cuestas y me pasan algunos de los que yo había pasado antes. Al final paso la meta. Mi pierna está llena de sangre. El resto, incluida la bicicleta de barro. De aquí el titular, sangre y barro. Podría tacharse de trágico, de dramático, épico incluso. Batalla de Don Quijote a lomos de su burra de carbono contra los elementos. Pero no. El caso es que se me quedó una sonrisa de bobo que menos mal que nadie tenía una cámara para inmortalizarla. Porque si, me había caído y no había quedado muy bien, pero.... ¡Me lo había pasado en grande! ¡Había disfrutado como un enano! Y eso es lo importante. Hay que saber disfrutar. Basta de podiums y de resultados excelentes. Me quedo con esto. Porque como me han enseñado los chicos de la escuela, esto lo hacemos porque nos gusta y lo pasamos bien. Y yo me lo pasé fenomenal. Y es que los ciclistas no estamos locos... sino lo siguiente.


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